Hoy inicia para este grupo de periodistas una época difícil, diferente. Difícil porque estamos conscientes de que penetramos en un medio que requiere valor y entereza; diferente porque la labor que en las páginas de El Observador se plasmará, tendrá un enfoque nuevo y una gran convergencia de ideas.
Las diferentes corrientes periodísticas que predominaban hasta hoy, pierden su influencia, pues la sociedad reclama una información seria y responsable, que les permita concretar una opinión acertada de lo que ocurre a su alrededor.
El mundo vive en constante transformación: nuevas tecnologías, cambios en los esquemas económicos, exigencias en la política y otras circunstancias de las cuales no se puede permanecer al margen. La labor periodística tiene que cambiar y vencer los sistemas y tradiciones obsoletas que han demeritado la importante función de comunicar y el derecho del lector a ser bien informado.
No pretendemos imponer ideas, sino introducir a través de nuestras páginas información confiable y objetiva. Decir la verdad, sin caer en la ofensa y la denostación, mantener una auténtica pluralidad de pensamientos, criterios y credos religiosos.
Entendemos que nuestra labor será ardua e inteligente, para no dejarnos engañar o sorprender. Aún cuando estas páginas sean abiertas a la opinión popular, no serán campos de ataques infundados como producto de intereses de grupo. Toda versión y
crítica será fundamentada.
Como periodistas demandamos respeto y al mismo tiempo lo daremos a nuestros lectores y antes que una reacción personal, estará la ética profesional y una conducta vertical, primordiales para esta labor.
La crítica negativa, las ofensas, las agresiones verbales y las posturas mal intencionadas no disminuirán nuestro ímpetu y valor por salir adelante y realizar un periodismo moderno, real, auténtico, que se ubique a la altura de las circunstancias actuales. El Observador apenas comienza, pero llegará a todos los estratos sociales sin distinción.
Sólo de esta manera podemos garantizar al lector una información confiable; además, el espacio para que este hable y exprese sus conceptos, sin que por ello pretenda alcanzar beneficios personales o de grupo, insistimos.
El manejo de la información será objetiva, sin tapujos, hablando claro y sin esconder nada.
Se harán notar los aciertos, pero también los errores, con el único afán de informar al lector de la realidad.
Expondremos en nuestras páginas la cotidianeidad de la vida campechana y recorreremos todos los rincones del Estado en busca de las noticias que el lector siempre ha demandado y de las cuales ha carecido. Mantendremos una estrecha relación con el obrero, campesino, el estudiante, el intelectual, la ama de casa, el político y demás personas que conforman el diario acontecer.
Por lo anterior, concretamos que el periodismo no lo haremos solos, sino apoyándonos en quienes realmente propician la realización de un medio de comunicación: el público.
Ponemos a su alcance la información, pero el análisis real y la reflexión lo hará usted.
Confiaremos en que sabrá comparar y elegir.

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