4 de Octubre

 Por: Eliseo Moreno Chin

Hace unos días se celebró en nuestro país y muy probablemente en otros más, el aniversario de los más de 500 años del descubrimiento América, celebraciones para unos cuantos, mientras que para millones sólo ha significado muerte, sufrimiento y pobreza, pues desde la llegada del “hombre blanco” les fueron arrebatados sus riquezas, tierras y creencias a los antiguos pobladores de mesoamérica, y confinados hasta lugares más alejados de los nuevos asentamientos de los privilegiados, lo cual hasta la fecha aún perdura y seguramente así continuará por muchos años.
Hay que recordar lo que la historia ha enseñado a los verdaderos americanos. Cuando el genovés Cristóbal Colón decidió hacer su viajes para descubrir nuevos mundos, nunca imaginó qué descubriría y aprendería, pues se encontró con una cultura desconocida hasta entonces, de conocimientos astronómicos inimaginables para el mundo antiguo, así como conocimientos en medicina, un calendario maya exacto, numeraciones, escrituras, meteorología, etc., así como un cúmulo de creencias politeístas entre los diversos pueblos de esa época.

Independientemente del desarrollo científico y cultural de los pueblos indios, que era lo que menos les interesaba a los colonizadores, los también conquistadores sólo vieron la riqueza de las tierras de los pueblos aborígenes y sólo pensaron en el saqueo indiscriminado para enriquecer a la corona española y enriquecerse ellos mismos, a costa de los verdaderos dueños de estas tierras.
Una de las tantas versiones de esa historia, es la que nos plasma la película “”Cabeza de Vaca”, donde se trata de explicar a los espectadores de qué manera fue impuesta la nueva religión entre los americanos, a todos aquellos que se oponían a creer en el cristianismo eran ejecutados de la manera más baja y ruin; la versión fílmica nos muestra también de qué manera usaban los “indígenas” los altares católicos, cómo escondían a sus dioses y fingían adorar la cruz, pero su verdadera devoción era en sus dioses, pueblos enteros que se negaban a renunciar a sus valores, principios y tradiciones.
La diferencia entre los pueblos americanos con los colonizadores fue el desarrollo militar, los primeros eran guerreros o militares como le llamamos ahora; desafortunadamente, éstos sólo tenían como armas flechas de madera y armamento rústico, mientras que los colonizadores ya tenían armaduras, espadas y otros armamentos de metales y comenzaban a usar la pólvora para subyugar a otras culturas.
Obviamente la diferencia era enorme y por lo cual, los nuevos inquilinos pudieron conquistar a todos los americanos del nuevo mundo y con ello la destrucción y desintegración de los mismos americanos, arrinconándolos hacia lugares muy lejano de las nuevas ciudades que construirían en tierras recién descubiertas, incluso los templos de los dioses de pueblos descubiertos fueron destruidos y encima construyeron las iglesias católicas, empezando a poner fin a las creencias religiosas de los indios.
Algunos historiadores señalan que uno de los castigos para la gente que violaba las leyes del viejo mundo, como serían los ladrones, asesinos, borrachos, rebeldes, presos políticos, era precisamente el ser enviado a la nueva América, por lo que podremos imaginarnos qué tipo de gente llegó a colonizar las tierras de la nueva civilización.
Pero no solo los españoles llegaron al nuevo mundo, también otros “hombres blancos” como ingleses y franceses; éstos, a diferencia de los españoles que trataron de imponer su forma de vida y religión, comenzaron y llevaron a cabo el genocidio más grande de la historia de la humanidad, todos los pueblos del norte de América fueron brutalmente acabados y expulsados de sus tierras y les fueron quitados todos sus tesoros de esa época y los pocos que quedaron, fueron confinados en reservas especiales, haciéndolos sentir y saber su condición de indios y no iguales que la gente blanca.
El enriquecimiento de estos brutales asesinos colonizadores por las riquezas que habían descubierto, los hizo emanciparse de la corona inglesa, la cual lograron para hacer lo que son hoy los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá; su historia hoy, al igual que desde que llegaron al nuevo mundo, es la misma: la dominación económica y la explotación de las naciones desde el sur de su frontera hasta la patagonia, a quienes miran con menosprecio e indiferencia, pero eso si, como parásitos succionan toda la riqueza para garantizar su subsistencia.
Este nuevo mundo no sólo ha servido para enriquecer a algunos imperios, sino que ha servido de refugio para otros nacionales como italianos, portugueses y hasta asesinos, como lo fueron los alemanes nazis refugiados en Sudamérica.
La historia también nos ha enseñado que Simón Bolívar y el propio Miguel Hidalgo no lucharon por los indígenas como se les llama ahora a los verdaderos dueños de estas tierras, sino fue por intereses propios, que aprovecharon la inconformidad del trato que daban los gobiernos extranjeros ya a los descendientes de la mezcla de las razas y los “indios” solo fueron usados como “carnada” y para hacer caer del poder a la realeza americana.
En México, al 12 de octubre se le conoce como el “día de la raza”, pero no se nos ha explicado si es por la mezcla de los mundos, o por los millones de personas que viven en la miseria a la que la aristocracia local precisamente les llama la “raza”; esto tendríamos que preguntárselo a los actuales detentadores del poder.
En fin, que poco hay que celebrar por el descubrimiento de América, porque ello sólo significó el genocidio de millones de gentes, de lo cual poco se habla; de millones de indígenas que quieren vivir mejor, que ante la pérdida de su identidad, buscan sus principios para ellos y sus hijos, lo único que les puede garantizar mejores formas de vida, restituirles lo que el derecho natural les dio y los gobiernos de antaño y los de ahora les han ido quitando poco a poco, con el pretexto de una disfrazada e hipócrita “justicia social”.